II
Apuesto lo que desees, que te conozco en amplitud. Sé lo hondo que indagan tus ojos profundos. Conozco la razón de tu sinrazón. Sé de tus miedos y tus más profundas tristezas. Conozco lo que hubieses preferido que nadie supiera. Sé tus instintos de animal y las acciones que tomas después de cada consecuencia. Conozco tus planes, los pasos que quieres dar en el futuro... lo que sueñas. Sé de tus manos y todo lo que esperas que sostengan. Me sé de rabo a cabo los tonos de tu risa y aunque no descifre siempre tu sarcasmo, sé por dónde suena. Anduve por la salida de tu laberinto y te esperé en ella. Conozco cada cosa de ti y sé a dónde se dirige tu maleta. Hay cosas de tu mundo que crees que nadie sabe, pero se te conoce más de lo que piensas.
Conocí tu mente y tu piel verdadera.
Y ahora... ¿De qué me vale?
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